Historia Castillo de Alba

Fue construido durante el reinado del Fernando II de León (entre 1157 y 1188) como defensa de las fronteras ante la aparición de reino de Portugal.

La importancia social y económica de esta fortaleza queda demostrada por haber sido parte de la dote en la boda de Alfonso con Teresa, hija de Sancho I de Portugal, el 15 de febrero de 1191. Esta unión matrimonial sería anulada por el Papa Celestino III, por incesto, al ser parientes. Alfonso casaría luego con Berenguela, hija de Alfonso VIII de Castilla y de nuevo Roma lo declaró nulo, aunque en este caso Inocencio III si legitimaba su descendencia.

Entre sus más fieles moradores estuvieron los caballeros templarios a quienes se les entregó el 27 de septiembre de 1220 a través de la concordia firmada por Alfonso IX en Villafáfila. Si embargo ya lo habrían habitado antes pues se trataba de una devolución: «Yo, el Señor Alfonso, Rey, restituyo por medio de este documento al Maestro y a la Orden Militar del Templo, Alba de Aliste con todos sus derechos y posesiones». En esta etapa permanecieron en él 92 años, hasta que fue suprimida la orden por el Papa Clemente V en el Concilio de Vienne.

A pesar de la ampliación y reformas del siglo XV. El castillo conservo su sencillez arquitectónica , de una fortaleza militar medieval. Su longitud máxima es de 78 metros y su anchura es de 30 metros. Muestra señales de 3 plantas de altura
Hoy día, el amplio surco de agua que es el río Aliste sigue protegiendo el promontorio de Castillo de Alba. Mientras, por el lado contrario, un arroyuelo, muchas veces desecado, completa el cinturón de esta fortaleza, en tiempos, inexpugnable. Su perfil, a pesar de la ruina, todavía se muestra insolente, dando fe del poderío que debió ejercer en pasados siglos. Así, su elegante torreón conserva todo el sabor del medievo y deja entrever que, desde lo alto, más de un guardián avistó, con premura, al enemigo.